Estudios de Lingüística Aplicada

REVISIÓN CRÍTICA DEL CONCEPTO DE GÉNERO EN EL DISCURSO ESCRITO Y SU APLICACIÓN DIDÁCTICA A LA ENSEÑANZA DE LAS LENGUAS CON PROPÓSITOS ESPECÍFICOS1*

 

CRITICAL REVIEW OF THE GENRE CONCEPT IN WRITTEN DISCOURSE AND ITS PEDAGOGICAL APPLICATION TO LANGUAGE TEACHING FOR SPECIFIC PURPOSES

David Sánchez Jiménez

The City University of New York (cuny), New York City College of Technology


Resumen

Este trabajo ofrece una revisión teórica acerca de cómo ha evolucionado el concepto de género discursivo en el ámbito académico y profesional desde una perspectiva lingüística en sus orígenes hasta una perspectiva sociocognitiva en la actualidad, a la que ha llegado gracias a los procesos de intertextualidad e interdiscursividad producidos por el contacto entre diferentes disciplinas. Del mismo modo, se comentan algunas de las más actuales recomendaciones didácticas sobre la enseñanza del género propuestas por el enfoque de las lenguas con propósitos específicos (lpe). Desde este enfoque se ha venido trabajando regularmente el concepto de género discursivo, ya que aprender a desarrollar los géneros típicos en una comunidad disciplinaria es un requisito fundamental para tener éxito en cualquier profesión especializada.


Palabras clave: género discursivo; análisis de género; hibridación de los géneros; lenguas con propósitos específicos; interdiscursividad; interdisciplinaridad


Abstract

This paper provides a theoretical review of how the concept of academic and professional discursive genres has evolved, from a linguistic perspective when it first emerged to its current sociocognitive perspective. The stage it has reached is due to intertextuality and interdiscursivity processes caused by the contact between different disciplines. Similarly, the paper discusses some of the most current didactic recommendations on genre teaching proposed by the languages for specific purposes (lps) approach. The discursive genre has been regularly used in lps since learning how to develop the typical genres of a discourse community is a fundamental requirement to succeed in any specialized profession.


Keywords: discursive genre; genre analysis: genre hybridity; languages for specific purposes; interdiscursivity; interdisciplinarity

Fecha de recepción del artículo: 17 de junio de 2015

Fecha de recepción de la versión revisada: 5 de marzo de 2016

Fecha de aceptación: 12 de abril de 2016

La correspondencia relacionada con este artículo debe dirigirse a:

David Sánchez Jiménez

dsanchezjimenez@citytech.cuny.edu

1. Introducción

 

El propósito de este trabajo es informar sobre la evolución que ha experimentado el concepto de género discursivo en las últimas décadas —concretamente en el ámbito del discurso escrito— mediante una visión crítica que examina los distintos estadios evolutivos y contrasta las diferentes voces implicadas en ello, que se han pronunciado sobre el porqué de estos cambios. Los géneros discursivos, tal y como los conocemos hoy, han debido adaptarse a lo largo de los años a una serie de transformaciones impuestas por la evolución de la sociedad y de las redes de profesionales y académicos, que han venido modificándose en el tiempo, guiados de la mano de nuevos descubrimientos técnicos y aplicaciones tecnológicas. Para dar respuesta a estas mutaciones, la estructura de los géneros y de los elementos textuales y contextuales que los conforman han venido adaptándose a estos cambios hasta asentarse de forma pragmática en la sociedad, siempre al servicio de los nuevos discursos creados por cada comunidad discursiva. De dicha reflexión se deriva un segundo objetivo de este trabajo, que consiste en la necesidad de advertir acerca de los últimos pasos dados por la didáctica de las lenguas de especialidad, ya que en muchas instituciones académicas todavía se siguen enseñando únicamente los factores textuales internos del género desde una perspectiva lingüística. En estos ámbitos tienden a obviarse los elementos externos que también deben conocer los usuarios de las lenguas de especialidad sobre los contextos profesionales en los que se produce el género, especialmente teniendo en cuenta las grandes modificaciones que se han producido en la sociedad en los últimos años.

Con respecto a esto, resulta interesante el artículo que firma Corbett en 2006, titulado “Genre and genre analysis”, en el que se lleva a cabo una extensiva revisión histórica del concepto de género a través de las diversas disciplinas en las que ha ocupado un lugar central como elemento ordenador y clasificador de los textos escritos que conforman el discurso. Este autor sitúa su definición primera del concepto de género dentro de la retórica, en la tradición aristotélica, nacida entre las lindes de la filosofía y la literatura, hasta instalarse posteriormente dentro de los estudios de teoría y crítica literaria, a partir del siglo xviii. Su aplicación a la lingüística data de mediados del siglo xx, cuando el término género aparecía confundido y alternado con el concepto de tipo de texto.1 Es en estas fechas cuando fue recuperado, redefinido y ampliamente difundido por el lingüista ruso Mijaíl Bajtín (1982 [1979]), quien abordaba el género desde un punto de vista funcional, atribuyendo su uso por un grupo social concreto a una finalidad comunicativa que surge en una situación social determinada:

 

La voluntad discursiva del hablante se realiza ante todo en la elección de un género discursivo determinado […] Aprendemos a plasmar nuestro discurso en formas genéricas y, al oír el discurso ajeno, adivinamos su género desde las primeras palabras (Bajtín, 1982 [1979]: 267–268).

 

Por otra parte, Bajtín (1986 [1979]: 62) sostiene que existen géneros no solo en la retórica o en la literatura (a los que llama primarios), sino también en otros ámbitos sociales (llamados secundarios), es decir, entendidos dentro del estudio del discurso en relación con los ámbitos de uso. Por lo tanto, y en función de esta división, afirma que cada grupo social humano desarrolla un tipo especial de lenguaje.

Siguiendo esta línea teórica, la discusión sobre el concepto de género cobra un nuevo brío en el terreno de la lingüística a partir de la descripción de la variedad lingüística de los registros, enunciada por Halliday en 1973, dentro del marco de las teorías funcionalistas del lenguaje en Explorations in the functions of language y, revisada posteriormente en 1985, en An introduction to functional grammar. Esta teoría considera la relación existente entre el lenguaje y las funciones sociales, por lo que se reconoce una conexión entre el lenguaje que empleamos en un contexto concreto de uso lingüístico, la sociedad en la que vivimos y los procesos mentales que intervienen cuando nos comunicamos con otros hablantes. En ella, el hablante competente debe elegir en cada caso los distintos planos de la lengua y del discurso que mejor se adapten a la situación. No obstante, los lingüistas funcionalistas (Halliday, 1985, 1994; Hasan, 1989; Martin, 1992) contemplan en esencia la lengua como un recurso utilizado para construir significado, en lugar de como un conjunto de normas. Partiendo de este supuesto, desde esta escuela lingüística se introduce la idea de que el hablante hace una selección precisa del uso de la lengua según la estructura del texto con el que trabaja. Es por esta razón que se puede hablar de la existencia de géneros específicos ligados a la comunidad en la que se desarrollan, los cuales cuentan con unas características propias y concretas, fuertemente vinculadas a la cultura y al contexto social en el que se enmarcan (véase Swales, 1990; Hyland, 2000).

 

 

2. De la perspectiva retórica a la cognitiva

 

En el editorial de un número monográfico dedicado al estudio del género discursivo realizado por la revista Journal of Second Language Writing, Tardy (2011a: 1) declara que se ha identificado tradicionalmente el nacimiento de la investigación sobre el género en el ámbito de las lenguas con propósitos específicos (lpe)2 con el trabajo de Swales (1981), titulado Aspects of article introductions. En aquella obra fundacional de este enfoque, Swales (1981) analizaba —junto a su estudiante asistente Vijay Bhatia— la introducción de 48 artículos de diferentes disciplinas, en un trabajo en el que Swales describe haber experimentado dos epifanías (Tardy, 2011a: 1), haciendo mención, por un lado, al hecho de identificar y examinar los movimientos retóricos de los artículos de investigación (que más tarde desarrolla en su conocido modelo cars: Create a Research Space) y, por otro lado, al hecho de establecer un nuevo concepto de discurso, relacionándolo con las dinámicas sociales y retóricas de la producción de textos (Tardy, 2011a: 1). A partir de esta publicación, como señala Tardy (2011a: 2), el concepto de género ha venido ocupando un lugar preferente en los estudios del discurso escrito dentro de la especialidad de la enseñanza de lenguas extranjeras.

De este modo, el inicio de estos estudios ocurre en el seno de la lingüística aplicada a la enseñanza de lenguas, en un momento en el que la atención en la investigación se centraba en las dificultades que encontraban para expresarse por escrito los aprendientes que estaban estudiando una L2 en el contexto universitario. Así, en 1990, Swales desarrolla su teoría sobre la introducción de los artículos de investigación de una manera más amplia y con mayor detalle en su libro Genre analysis. Sobre esta teoría se establecerá el enfoque de la enseñanza de la escritura basado en el análisis del género (ag). Para ello, se utilizan actividades de concienciación (awareness-raising) como medio para sensibilizar a los escritores de L2 sobre las relaciones que se establecen entre la forma del texto, sus funciones retóricas y la comunidad de los usuarios (Tardy, 2011a: 2). En esta obra, Swales (1990) aportaba también una definición de género que ha sido perfilada, enriquecida y ampliada con posteriores aportaciones, pero que aún en nuestros días resulta testimonial como punto de partida y entendimiento del ag en sus orígenes. En esta definición se pone un gran énfasis en el contexto situacional y cultural en el que se desarrolla el uso del lenguaje, al mismo tiempo que se refieren los problemas de aprendizaje observados en la abundante cifra de estudiantes de L2 de diferentes nacionalidades que acceden a las universidades norteamericanas en estos años.

 

A genre comprises a class of communicative events, the members of which share some set of communicative purposes. These purposes are recognized by the expert members of the parent discourse community, and thereby constitute the rationale for the genre. This rationale shapes the schematic structure of the discourse and influences and constrains choice of content and style. Communicative purpose is both a privileged criterion and one that operates to keep the scope of a genre as here conceived narrowly focused on comparable rhetorical action. In addition to purpose, exemplars of a genre exhibit various patterns of similarity in terms of structure, style, content and intended audience. If all high probability expectations are realized, the exemplar will be viewed as prototypical by the parent discourse community. The genre names inherited and produced by discourse communities and imported by others constitute valuable ethnographic communication, but typically need further validation (Swales, 1990: 58).3

 

Como anticipamos anteriormente, a partir de este concepto y del reconocimiento de las características retóricas que contienen los textos, Swales (1981, 1990) desarrolla un método de análisis del discurso basado en la teoría del género. Este método se centra en el análisis de la organización retórica de una serie de textos científicos a partir de las secciones descritas en los artículos de investigación. Para ello, Swales (1981, 1990) introduce el concepto de movimiento, que define en una obra posterior como “rhetorical unit that performs a coherent communicative function” (Swales, 2004: 228-229).4 Es a partir de la organización de estos movimientos como este autor describe las características retóricas del género, información que resulta de gran utilidad para aquellos escritores que componen sus textos académicos en los ámbitos gnoseológicos analizados por Swales (1990). Por lo tanto, estos elementos actúan como moldes que permiten ordenar y anticipar los distintos apartados del artículo de investigación, es decir, que sirven para describir y predecir con base en esta descripción la estructura retórica de este tipo de texto científico. La instrumentalización práctica de estas investigaciones se materializa con los libros de texto creados por Swales junto con Christina Feak (1994, 2000) para la enseñanza de la organización retórica de las formas discursivas, dirigidas a estudiantes de nivel universitario.

La aplicación de la investigación sobre el ag en el discurso escrito a finales de los ochenta —y más sistemáticamente en los noventa— tiene como consecuencia principal el fomento de la interdisciplinaridad por su utilización como herramienta de análisis en distintas disciplinas del conocimiento. De esta manera, a la formalización de la teoría del ag han contribuido estudiosos en los campos de la lingüística teórica y aplicada, la sociología —incluyendo la etnografía y la etnometodología—, la psicología —tanto cognitiva como estudios aplicados— y la investigación en comunicación (Bhatia, 1993: 11). Así, en los años siguientes, los investigadores especializados en el estudio del ag comenzaron a reparar en que los textos producidos en diferentes ámbitos académicos, de negocios o profesionales tienen características particulares que permiten distinguir unos textos de otros desde un punto de vista retórico (Bhatia, 1993). Este hecho propicia que se revise la definición de género propuesta por Swales (1990) con el fin de dar respuesta a esta nueva mirada interdisciplinar sobre los géneros. De este modo, en su trabajo de 1993, Analysing genre: Language use in professional settings, Bhatia se refiere a la expansión del ag e investiga el uso que se hace de este término en las disciplinas profesionales. Al igual que Swales (1981, 1985, 1990), este autor consideraba el concepto de género desde la perspectiva de una equilibrada simbiosis entre los factores lingüísticos y sociológicos intervinientes, aunque, por otro lado, en su definición también aludía a los factores psicológicos como uno de los rasgos principales que configuran el género (Bhatia, 1993: 13).

Por lo tanto, a pesar de que su definición de los géneros profesionales y académicos mantiene una deuda evidente con los trabajos de Swales (1981, 1985, 1990), la descripción de Bhatia (1993) amplía la concepción de género ofrecida por Swales al incorporar la noción psicológica —particularmente desde una aproximación cognitiva— al nivel de construcción del género discursivo:

 

Cognitive structuring, in a way is very much like schematic structuring in schema theory, except that in the former, it is the conventionalized and standardized organization used by almost all the members of the professional community, whereas in the latter, it is often a reader’s individual response to the text in question. Cognitive structuring is the property of the genre as such, and not as that of the individual reader. It depends upon the communicative purpose(s) that it serves in the genre, and that is why it varies from one genre to another (Bhatia, 1993: 32).5

 

El componente cognitivo del concepto de género al que se refería Bhatia (1993) en este texto ha tenido con posterioridad una repercusión significativa en los estudios realizados en este campo (Berkenkotter & Huckin, 1995; López Ferrero, 2002; Swales, 2004; Bhatia, 2004, 2008a, 2008b; Fernández Toledo, 2005; Cabré & Gómez de Enterría, 2006; Ciapuscio, 2010; Parodi, 2010). De hecho, este enfoque viene cobrando fuerza desde mediados de los años noventa, momento en el que lo desarrollan Berkenkotter y Huckin (1995) en su libro Genre knowledge in disciplinary communication: Cognition / culture / power. En esta obra, los autores analizan los procesos cognitivos que intervienen en la mente del hablante al producirse los géneros y describen los modelos mentales que permiten su producción o reconocimiento.

Por otro lado, se reconocía también en estos años la variabilidad en la organización de la estructura retórica de los géneros en función de las normas convenidas sobre dichos textos por las diferentes comunidades discursivas. Sobre este aspecto, Dudley-Evans (2000) señala cómo la variación social estudiada en las distintas disciplinas horada la rigidez descrita anteriormente al hablar de los primeros trabajos de Swales (1981, 1990), lo que permite flexibilizar y amoldar la configuración de estas estructuras fijadas de los géneros discursivos en función de las necesidades concretas de cada comunidad disciplinaria (Dudley-Evans, 2000: 9–10).

 

What is becoming clear, however, is that disciplinary variation is much more significant than allowed for in the original work on genre analysis. We need to devise a theory that goes beyond the ideas of prototypicality to acknowledge that variation in the discourse structuring of genres reflecting different epistemological and social practices in disciplines is a key factor in genre theory. The danger is that the theory will become immensely complicated with a proliferation of genres for each discipline (Dudley-Evans, 2000: 9–10).6

 

En su artículo de 2002, “Applied genre analysis: A multi-perspective model”, Bhatia describe un modelo de ag en el que sus elementos constituyentes se solapan dentro de tres perspectivas que se complementan entre sí: la textual, la sociocognitiva y la sociocrítica, como se observa en la Figura 1.

 

 

La complejidad que representa este modelo viene motivada por la propia compleja concepción del género, contemplándose así el análisis de género como una actividad multiperspectivista y multidimensional, en cuya descripción intervienen especialistas del campo de la lingüística teórica, del análisis del discurso, así como expertos en el campo de la comunicación, además de profesionales de las áreas de la retórica, la sociología, la ciencia cognitiva, la traducción y la publicidad, entre otras (Bhatia, 2002: 2). Ligada a esta variación del género dentro de las lenguas de especialidad y a la interrelación que guardan los textos entre las disciplinas, existe en este campo una propensión innovadora que urge a una renovación constante en la teoría de los géneros discursivos. Por ello, la complejidad envuelta en la visión de los géneros del lenguaje estará asociada irremediablemente al concepto de evolución y, consecuentemente, a la noción de cambio (Bhatia, 2002: 7–8).

En una obra posterior, Bhatia (2004) expone con más detalle el armazón teórico de este enfoque multidimensional con el que se propone analizar e interpretar el discurso profesional a partir de las tres dimensiones indicadas anteriormente, distanciándose ya de modo sustancial de los primeros estudios de ag realizados en 1993 desde la perspectiva de las funciones lingüística y retórica del lenguaje. Dentro de este nuevo marco teórico, define los géneros discursivos como un compendio de recursos textuales internos (text-internal), que incluye los elementos lingüísticos (léxico, gramática, organización retórica), los cuales se entrelazan en el escrito, y de rasgos textuales externos (text-external) referidos a las propiedades situacionales del texto (procesos y prácticas sobre la elaboración y la interpretación de los textos). En los primeros se refleja la orientación retórica que predominaba en su trabajo de 1993, a diferencia de los segundos, en los que el concepto de contexto adquiere una identidad propia que se materializa en una mayor atención puesta en el uso que hacen los hablantes de los textos al interactuar en sociedad. Por lo tanto, la consideración del contexto incide en que se preste una mayor atención a los procesos de adaptación que se producen cuando se mezclan dos o más géneros en la interacción social entre miembros de una o varias comunidades discursivas. Debido a estas incrustaciones de unos géneros en otros (Bhatia, 2004: 20), retomando un argumento propuesto previamente por Bawarshi (2003), Bhatia (2004, 2008a, 2008b, 2010) sostiene que resulta imposible predecir la estructura retórica de un género discursivo, ya que la estructura viene determinada por el contexto concreto en el que se realiza la comunicación. De este modo, los recursos textuales externos se deberán adaptar a cada audiencia concreta a la que se dirija el texto, con el fin de que este resulte más efectivo en su propósito de persuadir al lector de los argumentos que pretende transmitir (Bhatia, 2004, 2008a, 2008b, 2010; Fagan, 2008; Freadman, 2012). Así lo enuncia este autor en un trabajo posterior de 2010:

 

Text and context have been assigned varying importance in the analysis of professional genres. In the early conceptualizations of genre (Bhatia, 1993; Swales, 1981, 1990) the focus was more centrally on text, and context played a relatively less important background role. However, in more recent versions of genre analysis (Bhatia, 2004, 2008a, 2008b; Swales, 1998) context has been assigned a more prominent role, thus redefining genre as a configuration of text-external and text-internal factors, highlighting, at the same time, two kinds of relationships involving texts and contexts. Interrelationships between and across texts, focusing primarily on text-internal properties, are viewed as intertextual in nature, whereas interactions across and between genres, resulting primarily from text-external factors, are seen as interdiscursive (Bhatia, 2010: 32).7

 

Esta mayor preocupación por los recursos textuales del contexto en el que se produce un género discursivo concreto devendrá en una frecuente práctica de la interdiscursividad entre los géneros, concepto del que nos ocuparemos más adelante. Lo que interesa subrayar en esta sección del trabajo es que con esta obra de Bhatia (2004) se confirma un cambio de perspectiva en la teoría del género. Como el propio autor enuncia en este libro con relación a dicha evolución, se distingue cómo en una primera etapa el énfasis sobre el género recaía en el plano de la textualización; en una segunda fase los investigadores se preocupaban principalmente por la organización del escrito (Swales, 1981, 1990), hasta fijarse en la actualidad en su contexto de producción (Bhatia, 2004, 2008a, 2008b, 2010).

Desde una visión constructivista del discurso escrito, Hyland (2000, 2003, 2006) se posiciona dentro de una corriente que también contempla el género como un concepto abierto y sujeto a cambios dinámicos relacionados con el contexto en el que este se produce. En relación con este principio, Hyland (2000, 2009) argumenta que se han desarrollado formas concretas de usar el lenguaje con el fin de alcanzar unos propósitos específicos, lo que implica que los textos se relacionan con los contextos sociales en los que se producen, así como con otros textos. Acerca de esta hipótesis, cobra fuerza en los escritos de este autor el concepto de comunidad discursiva introducido por Swales (1990) a principios de los noventa, estrechamente vinculado con el dinamismo presente en los géneros discursivos al que nos venimos refiriendo en este apartado. Este concepto permite comprender la transformación a la que se somete cada género dentro de una disciplina específica en función de la interacción social que se mantiene entre una o diferentes comunidades disciplinarias. Para comprobar la variación en los distintos elementos que componen estos géneros, en algunas de sus investigaciones sobre el estudio a gran escala de diversas comunidades discursivas, Hyland (1999, 2000, 2002, 2009, 2011, 2012) ha empleado herramientas metodológicas prestadas de la lingüística del corpus. Tales investigaciones supusieron el inicio de los estudios sobre los tipos de discurso en las lpe realizados desde los años setenta y ochenta, ya que la gran cantidad de datos recogidos en estos trabajos permitía establecer diferencias significativas y generalizables entre las diferentes comunidades discursivas, permitiendo observar sus prácticas textuales más habituales y los recursos utilizados por cada grupo en la composición de los géneros discursivos.

Los resultados de estas investigaciones inciden en la estrecha vinculación que existe entre el género y la comunidad discursiva. Por ello, Hyland (2011) señala la necesidad de tener en cuenta las convenciones que se establecen en cada comunidad en la composición de los textos, ya que es el conocimiento o la ignorancia de estos principios estructurales y de los recursos socio-discursivos y lingüísticos del género lo que distingue a los miembros de una comunidad de los que no lo son. El conocimiento del esquema retórico de los géneros es esencial, por lo tanto, a fin de comprender e interpretar de forma apropiada los textos y asociar un marco sociocognitivo adecuado al escrito, que permita definir el contexto social en el que se desarrolla el texto. Esto también ocurre entre culturas distintas dentro de una misma comunidad y repercute en el diferente modo en el que la audiencia del texto procesa la información que recibe (Matsuda, Canagarajah, Harklau, Hyland & Warschauer, 2003; Cassany, 2005a, 2005b), especialmente en las comunidades multilingües (Canagarajah, 2002; Cassany, 2005a, 2005b; Moreno, 2010; Moreno, Rey Rocha, Burgess, Martín Martín, Gea Valor, López Navarro, Garzón & Sachdev, 2012; Pérez-Llantada, Plo & Ferguson, 2011; Ferguson, Pérez-Llantada & Plo, 2011; Pérez-Llantada, 2012), en las que se distinguen diferentes niveles de lectura y se comparten estrategias de literacidad adquiridas en distintas lenguas.

 

 

3. El género y la interdiscursividad

 

Si es cierto que las comunidades disciplinarias establecen las convenciones de los discursos orales y escritos, también lo es que cada vez resulta más frecuente la interacción entre los miembros de distintas comunidades profesionales, lo que ha provocado que también los textos hayan sufrido modificaciones debido a la interdiscursividad habitual entre los géneros (Bhatia, 2010). Bhatia (2012: 20) defiende que en la sociedad actual la mezcla de géneros en los ámbitos de los negocios y de la comunicación en general se ha convertido en normalidad. A este acto colaborativo Bhatia (2010) lo denomina interdiscursividad. Bhatia (2010) define este concepto y comenta su repercusión dentro de las comunidades profesionales, en las cuales el trabajo a través de distintas disciplinas propicia que el intercambio de géneros sea más recurrente que en otros grupos sociales.

 

Interdiscursivity thus can be viewed as a function of “appropriation of generic resources” across three kinds of contextual and other text-external resources: genres, professional practices, and professional cultures. From the point of view of genre theory, especially in the context of professional communication, it is necessary to distinguish appropriations across text-internal and text-external resources, the former often viewed as intertextuality, and the latter as interdiscursivity. Intertextuality operates within what we refer to as “textual space” (Bhatia, 2012: 25).8

 

Estos procesos de interdiscursividad vienen ocurriendo especialmente dentro de la comunidad científica investigadora en las últimas décadas, ya que con el afán de descubrir nuevo conocimiento se utilizan herramientas y metodologías prestadas de otras disciplinas, como refiere Pérez-Llantada (2012:16).

 

In the postmodern age, the production of scientific knowledge is no longer gestated in the ivory tower of the isolated scientist. Instead, knowledge is nurtured by interdisciplinary views, by a much broader information scope including both printed and online resources and by greater interconnectedness among scholars themselves thanks to the digital technologies and shared research resources and infrastructures […] Thanks to the mass media, the world of science is getting closer than ever to society and as a result it makes more noticeable an enhanced ethical and social obligation to society —or, to put in shortly, enhanced accountability. We are also witnesses of major changes in research procedures within disciplinary communities, with scientists no longer working in isolation, as stated above, but actively collaborating in interdisciplinary teams and communicating with both local and international peers with the aim of producing more comprehensive scientific outcomes (Pérez-Llantada, 2012: 16).9

 

Esta mención al postmodernismo es también comentada por Freadman (2012). Esta autora opina que el género debe ser una forma no predictiva, donde lo social y la acción / reacción de los sujetos implicados en cada momento en el acto comunicativo puede hacer variar el discurso. Esta dimensión social que contempla Freadman (2012) estaría más concretamente relacionada con los factores textuales externos que proponía Bhatia (2004). La interacción social entre los miembros de distintas comunidades discursivas puede propiciar un intercambio en los recursos textuales que puede, en algunos casos, llegar a configurar nuevos géneros híbridos con base en la combinación de las características idiosincrásicas discursivas de las comunidades en contacto, como se aprecia en la Figura 2. La interdiscursividad en estos nuevos géneros híbridos se ve favorecida por los procesos de recontextualización, remarcación, resemiotización y reformulación que intervienen en su génesis (Bhatia, 2012: 25).

 

 

No entramos a explicar este esquema en detalle ni los subtipos de hibridación textual diferenciados por Bhatia (2012) con relación a los procesos por los que se genera, ya que este no es el tema central de nuestro trabajo (véase Bhatia, 2012). Sin embargo, nos hacemos eco del significado global que se aprecia visualmente en el esquema, esto es, que la interdiscursividad en los textos contribuye a la producción de géneros híbridos (Bhatia señala tres procesos en la hibridación de los géneros: genre-mixing, genre-embedding, genre-bending), ya que en cada evento discursivo priman las estrategias adaptadas a las necesidades surgidas en cada contexto que emplea el escritor sobre una forma preconcebida de género discursivo.

Por otra parte, como apunta Pérez-Llantada (2012) en la cita comentada anteriormente, este cambio de perspectiva en los últimos años muestra cómo el intercambio de conocimiento que fluye de manera relacionada entre los distintos ámbitos del saber se ha visto favorecido por las nuevas tecnologías. Estas han contribuido a relacionar las formas de comunicación escrita desde las más tradicionales (carta, catálogo, periódico en papel) a las más modernas en una migración progresiva hacia los nuevos formatos electrónicos (correo electrónico, web, chat) (Cassany, 2004: 9). Este hecho ha potenciado igualmente los cambios en las estructuras de los géneros utilizados por las comunidades profesionales y científicas en su adaptación a estos nuevos formatos (Cassany, 2003, 2004, 2005a, 2005b). Este proceso ocurre no solo debido a que las tecnologías poseen la capacidad de permear en la creación de nuevos géneros, sino también porque las formas en las que se desarrollan imponen una nueva literacidad. Así ocurre, por ejemplo, con el acto de leer en una pantalla o con las adaptaciones tipográficas que esta lectura conlleva. A nivel de párrafo, estas novedades se relacionan con la condensación de la información en el escrito por la menor disponibilidad de espacio en el formato electrónico, con la interacción entre texto y recursos gráficos o con la mezcla de diversas lenguas y referencias culturales en un mismo texto con distribución global (Canagarajah, 2002; Canagarajah, Harklau, Hyland & Warschauer, 2003; Cassany, 2003, 2004, 2005a, 2005b). Esta variedad, como señala Pérez-Llantada (2012), ha calado hondo en el discurso científico, que está más expuesto a la variabilidad y a la incorporación de innovaciones debido a su versatilidad.

Del mismo modo, el rasgo de la interdiscursividad entre los géneros en las comunidades profesionales es propiciado principalmente por los avances en las nuevas tecnologías y una evidente tendencia a la promoción de los trabajos dentro de una sociedad mercantil y globalizada posmoderna basada en la eficacia de las transacciones comerciales.

 

The main difference between science in the postmodern age and that of previous times probably resides in the way technologies have revolutionized social relations. In particular, information access and information exchange through the internet and other forms of electronic communication have transformed the processes of production and reception of scientific discourse (Pérez-Llantada, 2012: 190).10

 

Con relación a la sociedad de la información y al mundo globalizado en que vivimos, y en cómo esto afecta al uso que se hace de las lenguas de especialidad, Bhatia (2008a: 163) advierte que la complejidad en el discurso de las lenguas con propósitos específicos también ha ido en aumento debido a la hibridación multidisciplinar que se impone en este contexto comunicativo. Como consecuencia del desarrollo de las tecnologías y la difusión global de la información, de las formas de comercio y de las nuevas jerarquías sociales en un mundo cada vez más competitivo, Bhatia (2008a) señala que no ha de sorprendernos el hecho de que un creciente número de géneros profesionales haya ido adquiriendo valores promocionales —especialmente en el mundo de la publicidad y de los negocios—11 además de los que tradicionalmente se asocian a este tipo de escritos (véase Bhatia, 2004). Este nuevo valor del discurso es también extrapolable al ámbito académico, ya que como declaraban Soler Monreal, Carbonell Olivares y Gil Salom (2011: 8) en las conclusiones de su investigación sobre el género de tesis, ya no resulta tan prioritario para los doctorandos crear nuevo conocimiento en la disciplina como escalar en la jerarquía académica, por lo demás, cada vez más competitiva. La consecuencia directa de la inclusión de este valor promocional en el discurso de especialidad reside en el requerimiento de una mayor complejidad en la elaboración del género. Esta complejidad se relaciona con la mezcla, la adaptación y la imbricación de los diferentes tipos de texto, pues se adoptan técnicas publicitarias y retóricas de otras disciplinas más cercanas a la venta y promoción de productos que al propio ámbito concreto del conocimiento (Bhatia, 2008a: 174). Por lo tanto, la promoción y el comercio se convierten en el verdadero motor de cambio de la sociedad globalizada actual y, como consecuencia, de la comunicación que se produce entre las distintas comunidades discursivas. Como resultado de este nuevo panorama, las fronteras entre los géneros se diluyen por la influencia de las nuevas tecnologías y los avances sociopolíticos que derivan en la mayor relación e interacción entre los grupos profesionales y las disciplinas:

 

I have noticed that within the concept of genre and professional practice, one can see expert professional writers constantly operating within and across generic boundaries creating new but essentially related and / or hybrid (both mixed and embedded) forms to give expression to their “private intentions” within the socially accepted communicative practices and shared generic norms (Bhatia, 1995; Fairclough, 1995). Interdiscursivity is invariably across discursive events that may be genres, professional activities, or even more generally professional cultures (Bhatia, 2012: 24).12

 

Otra dificultad añadida en la investigación del concepto de la interdiscursividad y de su desarrollo diario en los textos producidos en los ámbitos de especialidad radica en la variabilidad continua de los diferentes elementos implicados en la hibridación de los géneros, así como en la condición intrínseca de encontrarse en permanente cambio. El resultado de todos estos avances en el enfoque del estudio de los géneros es que, en la actualidad, el análisis del discurso pone un mayor énfasis en la situación social del texto (text-context) y en la influencia que ejercen en la estructura de los géneros tanto el significado como los propósitos retóricos que justifican el escrito (Upton, 2012: 17). Como comenta Upton (2012: 25), a partir de este momento será necesario que los conceptos de interdiscursividad y criticidad tengan cabida en el ámbito de las lpe (Bhatia, 2012; Freadman, 2012; Pérez-Llantada, 2012) y que del mismo modo se observe su evolución a través del estudio del contexto de las producciones reales de lengua viva en las disciplinas, con la finalidad de poder trasladar después estas experiencias al aula mediante una didáctica adecuada.

 

 

4. El análisis de género y su aplicación en la enseñanza de las lenguas con propósitos específicos

 

En las secciones anteriores de este trabajo se ha revisado la definición del concepto de género y su evolución, evidenciando un claro enriquecimiento relacionado con la interacción que ocurre entre diferentes disciplinas del conocimiento. Se ha observado igualmente la importancia que desempeña el contexto social en la definición y en la transformación del concepto de género discursivo desde sus inicios, así como también en las convenciones que establecen las comunidades discursivas, las cuales influyen en la descripción de la tipología de los géneros resultantes dentro de una misma disciplina o de los creados por el contacto entre diferentes disciplinas. De este modo, se ha descrito cómo el concepto de género está fuertemente conectado con el desarrollo que en los contextos de especialidad se hace de los textos, como indica García Izquierdo (2007) al afirmar que:

 

La noción de género se nos revela como una perfecta herramienta de análisis de las situaciones sociales en las que se produce la comunicación especializada […] se entiende el género como la expresión tangible de las convenciones textuales contenidas en los textos representativos de determinados ámbitos socio-profesionales (García Izquierdo, 2007: 122–123).

 

Sin embargo, y como se comentó también en el apartado anterior al hablar del concepto de interdiscursividad, los géneros profesionales no están sometidos a convenciones estáticas, sino que varían en función de su contexto social y en relación con las modificaciones (sociopolíticas, tecnológicas, etc.) que experimenten dichos ámbitos de especialidad. El enfoque de las lpe utiliza el ag como base para diseñar y desarrollar tanto programas como materiales para la enseñanza en L1 y L2 (Bhatia, 2008a: 157). No obstante, como comenta Tardy (2011b: 146) usando una expresión gráfica muy sajona, el ag es a la enseñanza de segundas lenguas como la mantequilla al pan. Uno de los primeros trabajos que aportaba una visión pedagógica de la aplicación del ag a la enseñanza de las lpe dentro del ámbito académico en el aula fue el de Swales en 1990, Genre analysis, que se complementaría más adelante con los estudios de Swales y Feak (1994, 2000), centrados ambos en facilitar la tarea escritora a los estudiantes de pregrado en los géneros académicos universitarios. En esta obra, Swales (1990) comenta que se ha profundizado más en el análisis de las diferencias retóricas entre los géneros y se ha conocido más información sobre este asunto como consecuencia de la investigación requerida para realizar una pedagogía de su enseñanza en la L2. Del mismo modo, el análisis de los errores cometidos en la didáctica de la lengua de especialidad en la L2 ha propiciado un constante avance y considerable desarrollo de la ciencia de la retórica contrastiva. Hyland (en Matsuda, Canagarajah, Harklau, Hyland & Warschauer, 2003: 165), por su parte, afirma que el concepto de género ha sido asimismo fundamental en el nacimiento y el desarrollo de las lpe desde los años ochenta, así como también para establecer una base empírica en la que apoyar su enseñanza tanto en L1 como en L2. En este sentido, el trabajo de Bhatia de 1993, Analysing genre: Language use in professional settings marcó un hito, y hasta hoy puede considerarse la aportación didáctica más difundida y útil sobre el análisis de los géneros profesionales, siendo uno de los títulos indispensables en el currículo de la enseñanza de las lpe. Esta obra se suma como un excelente complemento a los trabajos que en el ámbito académico venía desarrollando Swales (1985, 1990) por esas fechas. En ambos casos, la atención del ag se centraba en los propósitos comunicativos que transmitían los textos y en su estructura, poniendo así los cimientos de una práctica que se aplicaría con éxito a lo largo de toda la década y que se extendería con ciertas modificaciones en los años posteriores hasta nuestros días. La tendencia que ha predominado en las lpe desde entonces se ha centrado en la organización y en los aspectos cognitivos y sociocognitivos del texto y de su explotación didáctica. En este sentido, el análisis del contexto ha supuesto el principio fundamental de trabajo de esta pedagogía en las lenguas con propósitos específicos. Con todo ello, el estudio de los factores extratextuales ha ido progresando hasta consolidar una definición claramente delimitada de los marcos multidimensionales, mediante los que se puede conocer cómo los distintos miembros de la comunidad discursiva interpretan y producen los escritos tanto en ámbitos académicos como profesionales.

A pesar de la profunda transformación que ha experimentado el ag desde sus orígenes (Hutchison & Waters, 1987; Upton, 2012), su popularidad y utilidad siguen hoy vigentes en investigaciones que se centran en el estudio de aspectos más concretos, tales como los recursos lingüísticos, pragmáticos, cognitivos, etcétera (véase Dudley-Evans, 2000; Corbett, 2006; Johns, Bawarshi, Coe, Hyland, Paltridge, Reiff & Tardy, 2006; Hyland, 2009; Bhatia, 2010, 2012; Belcher, Johns & Paltridge, 2011; Johns, 2011; Tardy, 2011b; Freadman, 2012; Paltridge, 2012; Pérez-Llantada, 2012, 2013; Upton, 2012). A ello alude Bhatia (2012) en uno de sus trabajos más recientes en el que actualiza el estado de los estudios llevados a cabo dentro del ag en las lenguas de especialidad. Además, en ese mismo trabajo se hace mención de la ampliación del alcance de esta técnica en su aplicación a otras disciplinas:

 

The picture that emerges from our current understanding of the field indicates that in addition to esp or more appropriately lsp, discourse and genre analysis can contribute significantly to our understanding of organizational and institutional practices, in addition to its current applications to discursive and professional practices, in both academic as well as professional contexts. In fact, I would like to go further to suggest implications of current developments in genre theory for areas such as organizational communication, translation and interpretation, and document and information design (Bhatia, 2012: 21).13

 

El propio autor ilustra su argumento con un gráfico, como se aprecia en la Figura 3, en el que se observa la interrelación que se establece entre las diversas disciplinas vinculadas al ag dentro de los estudios del discurso.

Las distintas líneas de análisis que se muestran en este esquema sugieren que la exploración del concepto de género continúa aún en vías de experimentación y que todavía son muchas las transformaciones esperables en este aspecto del discurso escrito. No obstante, la interacción entre las disciplinas implicadas en la descripción y el uso del género dan testimonio, con su interrelación, de un panorama cambiante, propiciado por la hibridación ocurrida entre los diferentes discursos especializados. De este modo, con los efectos de la globalización y la incorporación de las nuevas tecnologías, con los intercambios de textos entre culturas que leen distintos tipos de documentos escritos y que cuentan con convenciones lingüísticas diferentes en diversas lenguas, se ha expandido —desde su nacimiento en los años ochenta dentro de las lenguas de especialidad— la concepción original del género y se han puesto las bases para su progresivo desarrollo en el futuro.

 

 

 

5. Conclusión

 

En la revisión histórica que se ha llevado a cabo en este trabajo sobre el concepto de género discursivo se ha observado cómo en un primer momento los estudiosos del género trataban de identificar las estructuras lingüísticas y retóricas que se correspondían con una serie de ámbitos del saber bien definidos en la sociedad. A lo largo de los años hemos aprendido que una descripción de este tipo (estructuras lingüísticas y retóricas) no es suficiente para delimitar los géneros discursivos, ya que estos no se pueden reducir a patrones fijos estandarizados que se reproducen miméticamente a partir de un modelo. Por el contrario, resulta imperativo atender las cuestiones contextuales en las que se circunscribe cada género y monitorizar los cambios que estos experimentan en los distintos ámbitos profesionales. Especialmente, con el desarrollo de las nuevas tecnologías y el advenimiento de la sociedad de la información, pronto se identificaron las carencias de esta visión limitada del lenguaje, aunque no por ello se dejaba de afirmar su validez. La necesidad de atender estas nuevas realidades y prácticas sociales en constante efervescencia en nuestra era y de dar respuesta a los nuevos contextos profesionales interdisciplinares que han ido surgiendo en las últimas décadas, ha abierto un debate entre los especialistas que se dedican al análisis de género. Una de las posibles claves que permite ofrecer respuestas a este nuevo panorama se relaciona con el concepto de interdiscursividad. Aunque con esta teoría no se niega el trabajo realizado anteriormente mediante los modelos descriptivos fijos —que todavía se aplican con éxito en áreas disciplinarias más conservadoras para realizar la descripción de géneros estandarizados, como en el ámbito jurídico— predomina dentro de su seno la tendencia a estudiar el género entendiéndolo como un ente vivo dentro de cada contexto profesional concreto, que muta y se incrusta en otros géneros y disciplinas. En este sentido, los géneros discursivos, lejos de ser considerados como productos terminados y bien delimitados, han de analizarse desde su complejidad, dinamismo y condiciones contextuales cambiantes en cada una de sus producciones específicas.

Partiendo de esta característica inmanente que los autodefine, los géneros discursivos se modifican al mismo tiempo que cambia la sociedad para adaptarse a las nuevas necesidades que demandan las distintas comunidades y se caracterizan por medio de los parámetros situacionales del contexto (el papel del escritor, el de la audiencia, la influencia de otros textos, las formas de cortesía, etc.) en el que se producen, muy ligados a las prácticas sociales de cada comunidad disciplinaria concreta. En este sentido, las nuevas necesidades sociales surgidas en los últimos años, como el nacimiento de nuevos productos y de nuevas empresas, la fusión de otras existentes y la vinculación entre distintas administraciones y departamentos universitarios, han exigido la producción de géneros inéditos con nuevos formatos textuales que faciliten la comunicación interna de las empresas o de estas con sus clientes a través de plataformas informáticas como los blogs, las redes sociales, las páginas institucionales, Twitter, etc., lo que ha obligado a reinventar cada cierto tiempo los medios de comunicación tanto entre los miembros de una comunidad profesional como con respecto a las relaciones que estos establecen con su audiencia inmediata. Así, por ejemplo, como comenta Cassany (2003: 46), la memoria anual de una empresa puede contener elementos económicos, jurídicos o del sector específico (alimentación, sanidad, mater) de la organización que se trate. Con relación al impulso que han supuesto las nuevas formas de comunicación, Calvi (2010: 16) expone otro ejemplo de cómo la migración de los géneros a la web ha contribuido a la creación de géneros híbridos fronterizos, ya que para adaptarse a este nuevo formato el género discursivo ha experimentado severas modificaciones de sus esquemas convencionales.

Como consecuencia de esta mutabilidad en una sociedad vibrante en sus prácticas sociales, económicas y tecnológicas, se crea la necesidad de una rápida y profunda transformación de los géneros discursivos, lo que requiere un alto nivel de coordinación y de relaciones entre las distintas instituciones generadoras de saber y de los contextos profesionales. En mi opinión, en respuesta a esta realidad, el estudio del género deberá abordarse con dinamismo desde distintas perspectivas disciplinares combinadas y tendrá que asumir estos cambios con flexibilidad y una actitud abierta con el fin de acomodar estos nuevos modelos genéricos en los correspondientes contextos laborales y académicos. Además, los géneros creados se enriquecerán periódicamente con cada nueva producción de los hablantes que ostentan una posición de poder e influencia dentro de una comunidad social. Para que esto ocurra, su propuesta deberá plantear nuevas vías que permitan la comunicación entre los distintos miembros de su comunidad y deberá ser aceptada por ellos mediante un uso generalizado.

Dadas las peculiaridades descritas sobre estas nuevas formas textuales, resulta muy complicado hallar materiales adecuados para su enseñanza. En el contexto de las lpe los expertos siguen debatiendo que exista esta posibilidad, e incluso algunos de ellos han llegado a sugerir la imposibilidad de su didáctica (Hyon, 2002; Parodi, 2008), entendiendo que la adquisición de los géneros discursivos es implícita y que se aprenden a lo largo de la vida mediante la generación de representaciones mentales que se van almacenando en el cerebro a través de los procesamientos cognitivos implicados en su comprensión.

Por otra parte, y sin dejar de lado los aspectos sociocognitivos implicados en la descripción de los géneros, hemos comentado a lo largo de este trabajo la necesidad de atender en su didáctica a la enseñanza de las propiedades externas de los textos. Una posible solución a esta ardua misión radica en establecer taxonomías sobre las redes que tejen los géneros dentro de una comunidad discursiva y describir las relaciones que estos mantienen entre sí. Un ejemplo de esta manera de proceder puede contemplarse en la clasificación sistemática que realiza Calvi sobre los géneros del turismo considerando sus valores contextuales (véase Calvi, 2010), que ayuda a entender de qué modo interactúan los géneros entre sí y cómo, de la participación de las características fronterizas de unos, surgen otros nuevos.

Esta actitud es la que mantienen también escuelas como la de la nueva retórica o el grupo de investigación Gentt (Géneros Textuales para la Traducción) de la Universidad Jaume I de Castellón, que abordan de forma particular el estudio de cada género en su contexto cultural y disciplinario específico, atendiendo las mutaciones que estos experimentan en su proceso de elaboración y evitando establecer moldes fijos a partir de productos terminados. Esta perspectiva se traslada a la enseñanza de lengua cuando se busca que el estudiante, más que reproducir una copia exacta de un modelo textual, sea capaz de reconocer cada género dentro de un contexto determinado y cuente con flexibles esquemas mentales preexistentes para reproducirlos, adaptándolos a cada contexto concreto de uso real. Este es, en definitiva, el objetivo al que, como docentes e investigadores de las lenguas de especialidad, debemos dedicar nuestro esfuerzo en el aula de las lpe, prestando siempre atención a las actualizaciones que surjan en las formas internas y externas del discurso que estamos enseñando con relación a los otros géneros con los que se mantienen en constante interdiscursividad.

 

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Notas

 

* Este estudio ha sido realizado gracias a la aportación de una beca postdoctoral otorgada por la fundación Andrew W. Mellon, en colaboración con Colgate University.

1 En este sentido, parece necesario establecer ya desde este momento una división clara entre los conceptos de género y tipo de texto. Mientras que se puede entender el género como un hecho sociodiscursivo que remite a una serie de convenciones y recursos pragmalingüísticos compartidos por una comunidad, el tipo textual se refiere a una realidad lingüístico-comunicativa (Calsamiglia & Tusón, 2007: 242). Sin embargo, su diferenciación no es siempre clara y en ocasiones resulta un tanto complicado establecer los límites entre uno y otro concepto. Además, las distintas escuelas lingüísticas que trabajan con textos escritos —como sucede con la lingüística aplicada— intercambian con frecuencia estos conceptos de manera alternativa.

2 El estudio del género se ha venido ampliando a partir de su desarrollo interdisciplinar, adquiriendo elementos de otras disciplinas mediante las que se ha logrado una comunicación más eficaz en los diferentes contextos cotidianos y profesionales de uso del lenguaje. En conexión con esta idea, Sanz Álava (2007) recuerda que los estudios de género se han abordado desde distintas perspectivas lingüísticas, pues este concepto guarda relación con la lingüística aplicada, el modelo de la lingüística textual, el análisis del discurso, la pragmática, la sociolingüística y la retórica contrastiva. Hyon (1996) y Flowerdew (2002, 2011) distinguen en las últimas dos décadas tres escuelas principales en las que el género y su aplicación didáctica se ha abordado desde diferentes perspectivas: la lingüística aplicada —y más concretamente en su interacción con las teorías propuestas desde la enseñanza de lenguas con propósitos específicos (lpe)—, la Escuela de Sidney y la nueva retórica. Hyon (1996: 694) señala que no es posible delimitar este campo de estudio sin tener en cuenta la interrelación que mantienen las tres corrientes mencionadas. De hecho, Flowerdew (2011) agrupa las dos primeras tendencias en función de su enfoque puramente lingüístico, lo que las distingue de la nueva retórica, ciencia que se aleja de la perspectiva lingüística para explicar el género y su explotación pedagógica, basándose para ello en el concepto de contexto. En este sentido, Flowerdew (2011) subraya la complementariedad que existe entre las tres tendencias. Sin embargo, otros investigadores, como Freadman (2012), dudan —con buen criterio— de la validez de esta clasificación tripartita, debido a la dificultad de establecer grupos cerrados en las tendencias utilizadas para analizar los géneros.

3 La traducción de esta cita, así como de las siguientes a lo largo de esta nota, es obra del autor: “El género comprende una serie de eventos comunicativos, que comparten una serie de propósitos comunicativos. Estos propósitos son reconocidos por los miembros expertos de una comunidad discursiva matriz, y constituyen de este modo la fundamentación del género. Esta fundamentación da forma a la estructura esquemática que adopta el discurso e influye y limita la elección de los contenidos y del estilo. El propósito comunicativo es a la vez un criterio primordial que igualmente opera para mantener el alcance de un género tal como aquí se concibe, estrechamente centrado en una acción retórica comparable. Además del propósito, los ejemplares de un género muestran varios patrones de similitud en función de la estructura, el estilo, el contenido y la audiencia prevista. Si se alcanzaran todas las altas expectativas, el ejemplar será visto como prototípico por la comunidad discursiva matriz. Los nombres del género heredados y producidos por las comunidades discursivas e importados por otros constituye una comunicación etnográfica de gran valor, pero normalmente necesita de una mayor validación en el futuro”.

4 “[E]lemento retórico que desempeña una función comunicativa coherente.”

5 “La estructuración cognitiva, en cierto modo, es bastante parecida a la estructuración esquemática en la teoría del esquema, excepto que, en el primer caso, se trata de la organización convencionalizada y estandarizada usada por casi todos los miembros de la comunidad profesional, mientras que, en la segunda, es generalmente la respuesta individual de un lector al texto en cuestión. La estructuración cognitiva es la propiedad del género como tal, y no la del lector individual. Depende del (los) propósito(s) comunicativo(s) que cumpla(n) en el género, y esta es la razón por la cual varía de un género a otro.”

6 “Lo que está cada vez más claro, sin embargo, es que la variación disciplinaria es mucho más deseada que real en los primeros estadios del análisis de género. Necesitamos trazar una teoría que supere las ideas de prototipicalidad para reconocer que la variación en la estructuración discursiva de los géneros que refleja diferentes prácticas epistemológicas y sociales en las disciplinas es un factor clave en la teoría del género. El peligro es que la teoría llegará a ser sumamente complicada con la proliferación de géneros para cada disciplina.”

7 “Al texto y al contexto se les ha asignado diferente nivel de relevancia en el análisis de los géneros profesionales. En la conceptualización del género más temprana (Bhatia, 1993; Swales, 1981, 1990), el foco de atención estaba puesto en el texto, y el contexto jugaba un rol de fondo menos importante. Sin embargo, en las versiones más recientes del análisis de género (Bhatia, 2004, 2008a, 2008b; Swales, 1998), se le ha otorgado al contexto un rol más destacado, redefiniendo el género como una configuración de factores externos e internos, subrayando, al mismo tiempo, dos tipos de relaciones vinculadas a los textos y contextos. La interrelación entre y a través de los textos, centrada en las propiedades textuales internas, son vistas como intertextuales por naturaleza, mientras que las interacciones a través de y entre los géneros, resultantes primeramente de los factores textuales externos, son percibidas como interdiscursivas.”

8 “Por consiguiente, la interdiscursividad puede ser vista como una función de ‘apropiación de los recursos del género’ a través de tres tipos de recursos contextuales y otros recursos textuales externos: géneros, prácticas profesionales y culturas profesionales. Desde el punto de vista de la teoría del género, especialmente en el contexto de la comunicación profesional, es necesario distinguir apropiaciones entre los recursos textuales internos y los externos, las primeras conocidas con frecuencia como intertextualidad y las segundas como interdiscursividad. La intertextualidad opera dentro de lo que conocemos como ‘espacio textual’.”

9 “En la era posmoderna, la producción de conocimiento científico ya no se gesta en la torre de marfil de científicos solitarios. En lugar de eso, el conocimiento se nutre de puntos de vista interdisciplinarios, de un alcance de información mucho más amplio que incluye tanto recursos impresos como recursos en línea y de una mayor interconexión entre los mismos académicos gracias a las tecnologías digitales y los recursos e infraestructuras compartidos en la investigación […] Gracias a los medios de comunicación, el mundo de la ciencia se está acercando más que nunca a la sociedad y, como resultado, esto hace más evidente una obligación ética y social hacia la sociedad —o, para abreviar, una mayor responsabilidad. Del mismo modo, somos testigos de cambios de envergadura en los procedimientos de investigación dentro de las comunidades disciplinarias, en los que los científicos no trabajan de manera aislada, como se mencionaba arriba, sino que colaboran activamente en equipos interdisciplinarios y se comunican con colegas locales e internacionales con el ánimo de producir más resultados científicos con perspectivas más amplias.”

10 “La mayor diferencia entre la ciencia en la era posmoderna y la de los tiempos precedentes reside probablemente en la manera en la que la tecnología ha revolucionado las relaciones sociales. En particular, el acceso a la información y el intercambio de información a través de internet y otras formas de comunicación electrónica han transformado los procesos de producción y de recepción del discurso científico.”

11 Swales (2000) indicaba que es en el mundo de los negocios donde la enseñanza de las lpe más ha crecido, debido al factor de la globalización, entre otros. Este hecho ha contribuido de forma relevante en la formación de comunidades bilingües y multilingües y, como consecuencia, de nuevas formas de expresión generales en este contexto.

12 “Me he percatado de que dentro del concepto de género y de práctica profesional, uno puede ver escritores profesionales expertos operando constantemente dentro y a través de fronteras genéricas creando formas no solo nuevas sino esencialmente relacionadas y / o híbridas (tanto mezcladas como incrustadas) para dar expresión a sus ‘intenciones privadas’ dentro de las prácticas comunicativas socialmente aceptadas y las normas genéricas compartidas (Bhatia, 1995; Fairclough, 1995). La interdiscursividad se da invariablemente a través de eventos discursivos los cuales pueden ser los géneros, actividades profesionales o incluso de manera más general culturas profesionales.”

13 “La imagen que emerge de nuestra actual concepción de la disciplina indica que además del inglés con propósitos específicos, o mejor dicho de las lenguas con propósitos específicos, el análisis del discurso y del género pueden contribuir significativamente a nuestro entendimiento de las prácticas organizacionales e institucionales, además de sus aplicaciones al discurso y a las prácticas discursivas y profesionales, tanto en el contexto académico como en el profesional. De hecho, iría más allá y sugeriría implicaciones de los avances actuales de la teoría del género en áreas como la comunicación organizacional, la traducción y la interpretación y el diseño de documentos e información.”

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